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Elegía a Salvador Toscano: una rara avis regresa al cielo

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Elegía a Salvador Toscano: una rara avis regresa al cielo

Si la muerte pisa mi huerto, quien firmara que he muerto de muerte natural? …Quien pondrá un lazo negro entre el abierto portal? Quien será ese buen amigo que morirá conmigo aunque sea un tanto así? Quien vaciará mis bolsillos, quien rezará a mi memoria, ¡dios lo tenga en su gloria¡ y pensara para Sí?…¿quién pondrá fin a mi diario, al caer la última hoja en mi calendario?. A saber.

J.M Serrat.

Si como dice Borges, “la muerte es una vida vivida, y la vida es una muerte que viene”, hoy simplemente no la vimos venir.

A salvador Toscano la muerte lo ha tomado por sorpresa, considerando que siempre fue un hombre sano (no solo físicamente); él pudo presumir, hasta el día de hoy, pertenecer al selecto grupo de esos extraños seres que no necesitan ni artilugios ni máscaras para ser aceptados. A Chava lo queríamos bien todos aquellos que tuvimos la fortuna de conocerlo.

La noche de anoche me la pasé pensando en él; en estos días funestos desde que, así de la nada, un médico le dio la mala noticia: Tu enfermedad es muy grave¨.

Intentaba imaginar la sensación del golpe al enterarse que algo en su cuerpo (que fue una máquina perfecta a la que cuidó con denuedo evitando los excesos) andaba mal.

Escuchar de la voz de un experto que su organismo, por una suerte de azar, perdía la materia vital, y que poco a poco, la salud, –esa que siempre se procuró– iría mermando.

Imaginé a Salvador teniendo que disimular el horror de una noticia a sí para proteger a los suyos. A su Carmen su amada esposa, a sus hijos, por la que dio más que la vida, por quien luchó y se desveló con un amor que solo un padre puede sentir.

Lo imaginé saliendo de la consulta, estoico. Ahíto de una seguridad que debía contagiar a los suyos en aras de evitar el pánico, el desmoronamiento. Sonriendo ante la incertidumbre. Llenando de confianza un camino que generalmente la ciencia ve como un campo minado.

Salvador y muchos amigos comunes compartimos muchas cosas: desde el salón de clases en el Benavente, comidas, charlas, cenas, llamadas telefónicas, pero sin duda lo que más nos unía era la preocupación de ver felices y plenos a nuestros respectivos hijos.

Tanto él como nosotros coincidíamos que ser padre es abdicar un poco de nuestra propia vida, pero esa renuncia bien vale la pena (más bien la alegría) cuando uno ve a sus muchachos crecer y enfrentarse con valentía a todas las adversidades, contra cualquier mal pronóstico.

Salvador fue ingeniero, sin embargo, aunque esa profesión le auguraba aún más fortuna, tuvo la sabiduría de no dejar morir el negocio familiar de bombas hidráulicas que su padre le heredó.

Eso habla mucho de la lealtad, del sino de un hombre agradecido. Con esa acción, Salvador derrumbó la tesis del brillante Karl Krauss, en la que afirma que cuando los padres han construido todo, a los hijos solo les queda derrumbarlo.

Nada más alejado a la realidad de mi querido amigo. Él siempre construyó. Se construyó hasta una forma de ser inédita dentro de los círculos de hombres que constantemente dedicamos horas y horas al estéril juego del machismo y la picardía como método infalible de seducción.

Ahora que están tan de moda los chats colectivos vía telefónica, en donde el común denominador es compartir bulos y hacer escarnio del lenguaje, Salvador fue una especie de “rara avis”. Todo, absolutamente todo lo que aportaba al grupo, era algo bueno, positivo, edificante, de buen gusto. Y poseía además un don casi extinto en esta era en donde la cibernética ha borrado casi por completo la cortesía: Salvador era hombre atento que recordaba y recopilaba los nombres y los teléfonos que todos los excompañeros de la generación 76–81, para así enviar la felicitación puntual o el mensaje reconfortante de despedida.

Nadie imagino que el día hoy no estaría él para convocar –con un tacto finísimo– a los demás para orar, o simplemente reflexionar, sobre la propia fragilidad de la vida.

Salvador solía visitarme en mi casa como otros amigos más, pero sin duda sus visitas siempre dejaron huella. Con él no se hablaba, se conversaba. Él no te oía, escuchaba.

Querido Salvador: creo que existe un lugar mejor adonde transmigran nuestras almas una vez que el cuerpo se rinde. Recibe hasta allá un abrazo. Ten la certeza de que tu paso por este mundo no fue en vano: fuiste un hombre bueno, que no es lo mismo que “un buen hombre”.

Los hombres buenos construyen y dejan memorias imperecederas. La tuya seguirá iluminando como una zarza el centro de tu hogar.

Ayer coincidía con quienes te fuimos a dar el último adiós de cuerpo presente que hasta el final de tus días lograste una gran convocatoria, la más importante para todos, porque todos te admirábamos y te queríamos, no hubo llantos ni tristezas, ni simulaciones por parte de ninguno, por el contrario, todos coincidieron en que te fuiste quedamente, pero sin sufrimientos, mientras paciente esperabas la muerte. Los bisbiseos de todos nosotros tenían un punto de vista común. La certeza de que ahora mismo estas gozando de la gloria de nuestro Señor y charlando con los muertos de tu casa. Diría el gran Octavio Paz.

No faltaron, en estos días de angustia, que pasamos con los tuyos, mensajes y pensamientos hermosos de tus amigos, en ese chat maravilloso de nuestra generación, que se inundó de flores premonitorias para tu cita con la muerte creando una gran ofrenda que te llevas a otra dimensión de verdadera vida y paz porque solo los hombres buenos como tú tienen derecho a ese bendito placer.

En nombre de todos querido ¨Chava¨ te pedimos que: te claches un poco de ese celestial espacio que algún día compartiremos juntos. ¡Amén¡

Columna abogado Carlos Meza Viveros
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ABRAZOS, CLAXONAZOS Y BALAZOS

Humberto Aguilar Coronado

Politólogo y Master en Negociación por la UC3 de Madrid, España

 

Hace dos años, recién habían pasado las elecciones presidenciales, al afirmar que no iba a defraudar al pueblo de México, el Presidente Electo sostuvo, refiriéndose al tema de la violencia: “voy a cumplir con todos mis compromisos y se van a respetar a todos, y van a ser abrazos y besos, abrazos, no balazos”.

 

Esta sencilla frase definió lo que iba a ser su política en materia de seguridad pública y el trato que quería darle a los delincuentes en nuestro país, motivando una severa crítica por su falta de seriedad para enfrentar un problema nacional, ya que había sido parte fundamental de su discurso como candidato opositor, criticar la política de seguridad pública del Presidente Calderón.

 

Por eso, cuando un año después sucedió lo que conocemos como el “culiacanazo”, aquella acción supuestamente coordinada por el Ejército mexicano y la Guardia Nacional, en donde se aprehendió, para después dejar en libertad, al hijo de uno de los capos más importantes del narcotráfico en nuestro país, se confirmó esa expresión de que el Presidente prefería los abrazos, aunque fueran de delincuentes, al tener que aceptar que como Presidente él fue quien ordenó la suspensión del operativo y la liberación del presunto delincuente, argumentando después, que lo había ordenado para no poner en riesgo a la población.

 

Desde entonces, esta decisión sumada a otras poco entendibles para muchos mexicanos en el manejo de la crisis sanitaria, que ha derivado en una severa crisis económica, una buena parte la población ha decidido manifestarse, en medio del confinamiento exigido por las circunstancias, en sendas caravanas de autos en diferentes ciudades del país, exigiendo a través de “claxonazos” la renuncia de López Obrador al cargo de Presidente. Se puede estar de acuerdo o no en las formas de exigir que se vaya el Presidente, pero queda claro que existe una gran inconformidad, y que la misma, no puede ser desdeñada ni minimizada por las autoridades.

 

Mi opinión, es que esa inconformidad debe ser canalizada por la vía institucional en las próximas elecciones de 2021, pero por ningún motivo se deben impedir ese tipo de  manifestaciones de inconformidad por la actuación gubernamental.

 

Muy diferente, por cierto, a la inconformidad que hace unos días un grupo delincuencial manifestó mediante un artero ataque al Secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, en donde los “balazos” letales no le llegaron al objetivo, pero desafortunadamente, a dos de sus colaboradores sí y a una mujer que desafortunadamente iba pasando por ahí.

 

La adjudicación directa del atentado por un cártel reconocido, el cártel Jalisco Nueva Generación, pone en entredicho y provoca serios cuestionamientos a la política instrumentada por el Gobierno federal en materia de seguridad pública, porque este tipo de acciones no solamente atentan contra una persona o un funcionario público, es una clara afrenta al Estado mexicano y a la falta de respuesta en el combate al crimen organizado.

 

Los balazos se hicieron visibles en una misma semana en la Ciudad de México, mediante un atentado que moviliza a los elementos de seguridad y acelera investigaciones para detener de inmediato a presuntos involucrados, y en el estado de Guanajuato mediante bloqueos de calles, vehículos incendiados y una buena cantidad de detonaciones, dejando una serie de acusaciones entre autoridades locales y federales. Por una parte, el Gobernador señalando la politización de la seguridad por parte del Presidente, y por el otro, el Presidente acusando que las autoridades locales llevan 12 años en el ejercicio de las funciones de seguridad, llamando a la renovación de esas autoridades.

 

Lo que queda claro, es que en este país se puede ir de los abrazos a los balazos, pasando por los claxonazos en muy poco tiempo, es decir, se acabaron los abrazos porque no sirvieron; siguen los claxonazos porque sigue la inconformidad, y desafortunadamente, llegaron los balazos.

 

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VOLANDO EN PRIMERA

 

Humberto Aguilar Coronado

Politólogo y Master en Negociación por la UC3 de Madrid, España

 

El día de ayer se difundió en redes sociales un pequeño video en donde una persona increpa a la esposa del Presidente de México afirmando que “ha puesto en riesgo a la libertad de expresión, por la intolerancia que tiene a la CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación)”, al tiempo que le asegura que como mexicano, en el 21 va a defender la democracia y que en el 22 se van a ir”, pidiéndole que fuera tan amable de pasarle ese mensaje al Presidente.

 

El hecho en sí mismo es importante, porque demuestra que la figura del Presidente de la República se ha “desacralizado”, al igual que el resto de las figuras que forman la clase gobernante en este país, haciendo posible acercarse a ellos, y en muchos de los casos, ejercer una crítica por su actuación en el ejercicio del gobierno.

 

Quizá el primero que lo dijo en su tiempo fue Manuel J. Clouthier cuando era candidato a la Presidencia de la República, y quizá, el primer Presidente que vivió y sufrió la crítica en carne propia y abiertamente socializada, fue Vicente Fox.

 

Pero antes no se habían desarrollado tanto las redes sociales, por lo que hoy, es prácticamente posible conocer en tiempo real, los hechos que suceden en una plaza pública, en una cárcel o en un avión comercial.

 

Sólo se necesita un teléfono con cámara integrada para grabar el momento exacto de la increpación, la crítica o la descalificación, así como los actos de prepotencia, de delitos cometidos, o actos de vandalismo.

 

Desafortunadamente, ese mensaje que un mexicano le envió a López Obrador, se perdió en la crítica social difundida en redes, y que se hizo viral, porque la señora iba viajando en un avión comercial y en primera clase.

 

La pregunta que se viene a la mente es si la esposa del Presidente de México puede viajar en primera clase.

 

La respuesta es sencilla. Por supuesto que puede. Ese no es el problema.

 

El señalamiento que se hace es el doble discurso con que se maneja López Obrador con respecto al tema de la “austeridad republicana” que tanto pregona para el ejercicio del gasto gubernamental, así como las recomendaciones que le hace a la población en general de vivir de manera austera, mientras que varios de sus funcionarios se han visto inmersos en escándalos que podrían representar lo contrario a la austeridad y más parecido a la opulencia, que afortunadamente, en mucho por las redes sociales o por trabajos de investigación periodística, cada día son más los casos que se conocen.

 

Por eso, después de escuchar a López Obrador decirles a los mexicanos que se puede vivir con un par de zapatos, que se puede comer arroz y frijolitos, y que él viaja por tierra para no contagiarse en un avión, pues surgen las dudas y las preguntas.

 

El Director de la CFE con 23 casas que se han acreditado de su propiedad, ¿tendrá solamente un par de zapatos? Seguramente no, pero la Secretaria de la Función Pública ya lo exoneró, de la misma forma en que se auto exoneró por la evidencia de tener propiedades, junto con su esposo John Ackerman, por más de 60 millones de pesos.

 

Sí, ese John Ackerman. El mismo que criticó fuertemente a la esposa del Presidente Peña Nieto cuando se desató el escándalo de la casa blanca, por no acreditar fehacientemente el origen de los recursos con los que se adquirió esa propiedad, acusando “corrupción estructural”.

 

En este caso la fórmula es muy sencilla, que aclaren él y su esposa, la Secretaria de la Función Pública, por qué no coinciden los datos que presentaron en su declaración patrimonial de inicio de ejercicio gubernamental, con el número de propiedades denunciadas por un periodista.

 

Pero también está el caso del intento de ocultamiento de un reloj por el Canciller Marcelo Ebrard, dando paso a una fuerte crítica por simulación, aunque el reloj lo tenga desde que era Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

 

No está mal tener propiedades, relojes o viajar en avión comercial en primera clase, si son producto del trabajo o de una herencia familiar. Lo que está mal, es utilizar un discurso diferente para cada caso, para descalificar a los que se oponen, acusándolos de conservadores y herederos del pasado, y en cambio, la defensa y reivindicación para quien está a favor del discurso del Presidente, aunque se descubra la realidad en propiedades, relojes o viajes en primera clase. Pero ahora son, la clase gobernante y pudiente, aunque vergonzante.

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Las medias tintas desesperadas de la 4T

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Por: Vicky Fuentes

 

Qué días los que estamos viviendo, no sólo por el confinamiento, crisis económica, índices de violencia en México y el impacto aquí de la violencia por racismo en Estados Unidos, como consecuencia del brutal asesinato de George Floyd a manos de un policía. Las protestas por la muerte de Floyd también se dieron en la embajada de Estados Unidos en Ciudad de México, violencia que genera más violencia, abusos y vándalos sumados a grupos de choque que aprovechan el momento para desquiciar y polarizar aún más a la sociedad.

 

Pero si todo esto no fuera suficiente, un caso similar ocurrió en Guadalajara Jal, el pasado 4 de mayo, Giovanni, un joven de 30 años murió a manos de la policía ¿el motivo? supuestamente no llevar puesto el cubrebocas cuando es obligatorio. Después de un mes sin tener respuesta de la autoridad, ciudadanos y amigos de Giovanni salieron a las calles a exigir justicia, el momento fue ideal para los grupos de choque y las cosas se salieron de control.

 

En medio de todo esto es que el presidente Andrés Manuel López Obrador terminó la tan ansiada y criticada gira, donde por enésima vez le vimos pasar por alto las recomendaciones y protocolos de sanidad.

 

Más allá de eso, lo realmente  importante es que al mismo tiempo que veíamos las imágenes de su gira por Quintana Roo, Tabasco, Campeche y Veracruz, las imágenes de las protestas en Ciudad de México y Jalisco le ganaban la nota, su silencio por estos hechos violentos es insultante, desquiciante.  Por un lado él inaugurando obras que sólo le importan a él, la refinería Dos Bocas, Tren Maya, etc., ejerciendo recursos que son necesarios en otros sectores como salud y economía, y por otro lado el país cayéndose a pedazos.

 

Nos queda claro que sus prioridades están por encima de las necesidades urgentes que tenemos los mexicanos, es evidente que primero cumplirá  sus sueños, al precio que sea, cueste lo que cueste.  Prueba de ello es que al supervisar la rehabilitación de la refinería en Minatitlán, Ver., nuevamente fustigó a medios de comunicación, que dice, han criticado lo hecho por su administración.

 

“Qué bueno que se definan, nada de medias tintas, cada quien que se ubique en el lugar que le corresponde, no es tiempo de simulaciones o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas”.

 

¿Es necesario todo este discurso y llegar al punto de presionar para fijar una postura, a favor o en contra de la 4T y del mismo presidente?

 

Pienso que no, es inoportuno, es sembrar odio como pocas veces hemos visto; ha provocado la confrontación en familias enteras, parientes, grupos sociales, ni qué decir de cómo se ha polarizado su relación con distintos grupos políticos y empresariales. Presionar así en estos momentos es su única estrategia ante el fracaso de las acciones de gobierno.

 

No debemos olvidar que en México tenemos una sociedad plural, con todo lo valioso que es tener una gran diversidad de expresiones y todas ellas deben tener cabida en un país democrático.   Dividir, polarizar  y fomentar el odio es un recurso barato y desesperado.

 

Que no se le olvide que gobierna para todos y todos somos iguales ante la ley.

 

Que no se le olvide que la expresión democrática está sustentada en un legítimo Estado de Derecho.

 

Que no se le olvide que los contrapesos autónomos son necesarios, él lo fue.

 

Que no se le olvide que las benditas redes sociales se pueden convertir en su peor pesadilla.

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