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Opinión

Un Estado fallido

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Por Carlos Meza

 

Noam Chomsky define a los estados fallidos como aquellos que carecen de capacidad o voluntad para proteger a sus ciudadanos de la violencia y quizás incluso de la destrucción, y se consideran más allá del alcance del derecho nacional o internacional, y padecen un grave déficit democrático que priva a sus instituciones de auténtica sustancia.

 

Recuerdo que el gran Santos Discépolo, famoso por su tango Cambalache, ha sido en repetidas ocasiones motivo de entregas del que esto escribe. La letra del celebérrimo tango no ha perdido sentido, profundidad, y por tanto, permanece vigente en este siglo XXI. En efecto, como dijera el nacido en Tucumán: El mundo fue y será una porquería ya lo sé, (…), hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor/ ignorante sabio, chorro, generoso estafador/ todo es igual / nada es mejor/ lo mismo un burro que un gran profesor / no hay ‘aplazaos’ ni escalafón/ los inmorales nos han ‘igualao’ si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición / da lo mismo que sea cura colchonero, rey de basto, caradura o polizón (…).

 

Ante el escaparate de un gobierno de la 4T que se ofrecía eficaz, eficiente e inmune a las crisis propias de la res publica, hoy nos damos cuenta que El Soberano se siente ‘robao’ y ‘amargao’; que los valores morales de campaña terminaron siendo una porquería en donde vivimos ‘revolcaos’.

 

Tengo una impresión muy contradictoria después de ver cómo todo va degenerando, no poco a poco, sino a pasos agigantados. Hay debidilidad, y auténtica incorrección y deseaseo en Puebla. Para nuestra desgracia, cada vez está peor. Todos los notan, para nadie es un secreto, pero la mayoría calla por temor. Los reflectores están puestos sobre nosotros y no precisamente por ser un ejemplo. Nuestros muchachos están en la calle pidiendo solamente poder vivir, ya no en paz, sino simplemente vivir.

 

Ante este escenario alarmante se han tomado decisiones que en nada abonan al proyecto original de la Cuarta Transformación, poniendo sobre el tablero del ajedrez alfiles quemados y piezas de reciclaje que ya habían sido sacadas del juego.

 

Me pregunto desde hace días, cuál es la estrategia (si es que la hay). Lo que sí noto es que empieza a entronizarse esa arrogancia que no deja pensar claramente. Los últimos nombramientos en el gabinete son del nivel de un jefe de almacén (sin demeritar a los mismos). No ha habido rigor y los filtros son endebles. No quería aceptarlo, pero es tiempo: en Puebla triunfa el gotopardismo (nuevamente).

 

Diría Serrat que: “las manzanas no huelen, que nadie conoce al vecino, (…) y mi tierra cayó en manos de unos locos con carnet / que todo es desechable y provisional.

 

Respetuosamente pido que se sirva a tomar medidas para llamar al orden a esos chapuceros que anidan en el gobierno, pero que lo hagan con urgencia para que no sea necesario contar cotidianamente más víctimas y más muertos, esperando algunos “milagros” que permitan centrar el quehacer del poderoso en favor de los desfavorecidos; sin caprichos y sin razones provenientes de personeros del mal.

 

Creí que no volvería a soltar frases tales como las que están en el párrafo anterior, pero no puedo; me niego a ser parte de la mascarada porque mi oficio ha sido siempre uno: que prevalezca la justicia.

 

La gratitud y la lealtad no son retóricas, son puntuales e irrefutables. Se es o no se es. Y yo he sido, he estado. ¡No nos andemos con pendejadas! Ya en mi artículo anterior recordé haber sido víctima durante algunos gobiernos de la improvisación y la estulticia. Ahora, desde este espacio digo: estoy harto de la incapacidad moral de quien chaquetea, blofea, y sin duda no sabe mandar. No estaré dispuesto nunca a consentir deslealtades ni actos infamantes salidos del bisbiseo de algunos liliputienses a los que consideran grandes funcionarios, sin serlo; y que por fuerza de la costumbre pasen de largo las promesas hechas, no a mi persona, sino a la gente que ha venido sufriendo año tras año, sexenio tras sexenio, la simulación y la impostura.

 

Estoy hablando (escribiendo) con la cabeza fría, por lo tanto no temo en externar mi desazón. De eso se trata la 4t, ¿o no? De no dejarse, de levantar la voz ante prácticas caducas, y eso mismo es lo que hago sin que me tiemble la mano.

 

Sé que tras leer esto, quienes temen cuestionar (aunque sea su labor) se darán vuelo ante lo que llamarán “el nuevo viraje de Carlos Meza”. Pues no, señores, esto no es un viraje porque quienes han tomado la vereda en lugar de permanecer en el camino son otros. En mi carrera política me conocieron tal cual soy: una mina que explota ante la inoperancia y la falta de compromiso y responsabilidad. Fui así con Bartlett (a quien extraño como a nadie por ser el estadista que fue), así con Melquiades (quien hizo del populismo ramplón su tarjeta de presentación más eficaz), así con Marín (al que consideraba mi amigo hasta que la visión se le llenó de humo), así con Moreno Valle (el que hizo de la megalomanía un monstruo de mil cabezas), así con Tony Gali (que vendió su alma al anterior mientras lo dejara cantar)…

 

Decir la verdad y extrenar nuestro descontento se condena en este país, lo sé. A quienes no estamos dispuestos a que las cosas se disfracen y se camuflen, se nos llama intolerantes. Se nos tilda desleales, se nos acomoda en las carpetas de los ardidos. Se nos califica de kamikazes, sin embargo, no es así. Porque estoy convencido que aquel que calla, le otorga al recipiendario de su queja el derecho de defecar mil veces sobre su cabeza. Y yo no estoy dispuesto a ser bacín de las excrecencias de nadie.

 

Sé que al leer esto, la prensa filibustera se dejará venir en hordas porque “hay carne”. Ante ese escenario, adelanto: se suplica al respetable que quien haya de criticar sea algún chimpancé o un mono tití que de vueltas histéticas dentro de su jaulita.

 

Soy hijo de mi alma máter, la BUAP, y sin chillidos ni escaramuzas literarias cobraré venganza por la ingratitud con la que se ha tratado a su población: futuros médicos, abogados, artistas y técnicos que vislumbran sus porvenires inciertos gracias a la indiferencia de quienes tienen que darles seguridad. Esto no es una amenaza; simple y sencillamente estoy siéndome fiel a mí mismo como un poblano que ama a su estado y al que le duele su estado. Un poblano más que poco a poco se va desguazando gracias a las ineptitudes de enanos que tienen puesto el dedo en el botón de la alarma y la desazón para que todo se pulverice.

 

Soy firme en mis convicciones y asumo mis dichos. No regateo espacios y nunca me verán mendigando un cargo porque no lo necesito. A mis 62 años he logrado construirme una reputación digna en mi oficio, al que amo y ejecuto con gran pasión, como con la misma pasión, y sin afán de ofender, escribo ahora mismo esto en un acto de congruencia.

 

No quiero un estado donde tengamos que importar abogados de quinta que vengan a resolver entuertos fantasmas; que grillen a placer y se jacten de saber –y conocer– lo que no conocen. Y si el jefe de este de Gobierno lo quisiera, me someteré alegremente a un debate para demostrar la ineficiencia e incapacidad jurídicas de sus exportados.

 

¡Lo digo sin acritud, pero lo digo!

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Opinión

Alquimia de Poder

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Por Ruby Soriano

 

Sin capa, sin antifaz y sin cubre bocas

 

Con y sin virus están en un anonimato donde la angustia también los ha alcanzado.

Mirar al gremio de las enfermeras y médicos no es sencillo. Se entiende cuando uno de nuestros familiares forma parte de ese ejército de los hombres de blanco que hoy están muy lejos de ser “Susanita Distancia”. Ellos son de carne y hueso. Están alertas y vulnerables igual que una población civil que espera el coletazo del Covid-19.

 

Muchos son los médicos que están trabajando al pie del cañón, lo hacen como pueden y con la escasez insultante de una sistema de salud carcomido por los déficits no sólo de medicamentos, sino de la infraestructura hospitalaria que está a años luz de poder contar con la tecnología y herramientas necesarias para hacer un trabajo real de prevención frente a la pandemia que hoy nos invade.

 

Los médicos narran esas historias donde se les reconoce la valentía de estar en el frente de guerra y sin armas.

 

Muchas historias se repiten como la imagen que hoy invade a los hospitales mexicanos donde no se tiene lo mínimo como guantes, cubre bocas o ropa especial para atender a quienes están llegando como sospechosos o contagiados de Coronavirus.

 

La narración de los médicos nos hace pensar en lo bizarro que resulta la campaña caricaturesca de Susana Distancia cuando en muchos municipios de Puebla o comunidades rurales del país hay déficit de camas, guantes y ni siquiera llegan a un respirador para atender a aquellos pacientes que presenten los síntomas más severos del Covid 19.

 

La realidad de los médicos, enfermeras y hospitales en Puebla y en nuestro país no se puede alejar de esa visión cruda que nos comparten quienes están día a día atendiendo desde la paranoia de cientos de pacientes, hasta la realidad de los que son sospechosos y se les envía a su casa para aislarse sin ser sometidos a las pruebas para comprobar si ya son portadores del virus.

 

Y hay que decirlo, la realidad del mejor epidemiólogo del país debe contrastar con la de sus colegas médicos quienes le pueden contar y compartir a cada momento lo que padecen en el frente de guerra.

 

En los grandes hospitales y centros de salud, hay otros héroes todavía más vulnerables. Ellos son los pasantes y residentes que con su juventud están ahí, haciendo guardias y quienes en algunos casos son a los primeros que están enviando al frente de batalla para “explorar” a quienes llegan con la sospecha del peligroso contagio.

 

Desde la óptica de algunos médicos, el Gobierno de México está buscando contener el pánico pues sabe que no se cuenta con la suficiente infraestructura y medicamentos en caso de tener un repunte excesivo de contagios.

 

La versión de los médicos también coincide con el interés del Gobierno de México de evitar una parálisis que colapse la economía nacional.

 

Sin embargo, para ellos, para los médicos, los que están día a día en los hospitales, en las clínicas, en los centros de salud, en los centros médicos rurales, la prevención sigue siendo lenta y la gente aún no dimensiona los riesgos de contraer este virus que no sólo tiene en vilo la vida de un país, sino que exige la reacción más rápida y efectiva de autoridades que hasta hoy se han quedado a medias con Susana Distancia.

 

@rubysoriano

mediatikosconsulting@gmail.com

Facebook: Mediatikos Consulting

 

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Opinión

PALABRA DE TIGRE

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MARCHAS Y MEGAMARCHA

 

Por: Humberto Aguilar Coronado

 

La semana pasada fuimos testigos de una serie de manifestaciones pacíficas en todo el país con motivo de la conmemoración del día internacional de la mujer, y en Puebla, de una megamarcha estudiantil muy ordenada, pero de gran exigencia por la seguridad y la paz en Puebla.

En las marchas que pudimos ver y que se realizaron en mas de 60 ciudades del país, dentro de la conmemoración del día internacional de la mujer, también se manifestaron las exigencias que el gobierno no ha sido capaz de atender y mucho menos, darle respuesta.

Primero, por la igualdad de derechos y en segundo lugar, pero no menos importante, la exigencia fue para que se frene la ola de feminicidios que ha ido creciendo conforme pasan las semanas.

Desafortunadamente, apenas unas horas antes de que iniciaran las marchas del domingo para exigir que cese la violencia contra las mujeres, nos enteramos del brutal asesinato a balazos en Salamanca, Guanajuato, de una estudiante de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de León.

Hace dos semanas, en este mismo espacio escribí que “tendremos que considerar un fracaso total de la política en México si en seis meses, o en un año, seguimos viendo protestas y reclamos sociales por la pérdida de una mujer más, llámese Ingrid, Fátima o Inés, sin conocer las políticas públicas que la autoridad local o federal han desarrollado para prevenirlas y mostrando resultados concretos”.

Pues no pasaron ni 10 días y su nombre era  Nadia Verónica. Ya no pudo participar en la marcha. Pero lo grave del caso es que el domingo fue en Guanajuato, pero todas las semanas nos enteramos de diversos hechos de violencia y feminicidios en todo el territorio nacional. En Puebla, fueron Maribel y Paulina, justo en el día de la conmemoración.

Insisto, los tres órdenes de gobierno deben estructurar un plan estratégico para abatir esta ola creciente de femincicidios.

Y por otra parte, la marcha de los estudiantes que se llevó a cabo el jueves 05 de marzo, seguramente contó con más de 100 mil participantes que acudieron a la marcha con la exigencia que todos los ciudadanos podemos hacer nuestra, seguridad y justicia.

Quizá el hecho que motivó que los estudiantes de diversas universidades, tanto públicas como privadas se solidarizaran, fue el terrible asesinato de tres estudiantes de las escuelas de medicina de dos universidades, y del chofer del uber en el que se transportaban, en el municipio de huejotzingo.

Insisto. ¿Porqué tienen que ser hechos tan lamentables los que hacen que la sociedad despierte y se manifieste para exigir lo que las autoridades están obligadas a brindar?.

Por lo mismo que en los casos de los feminicidios. La autoridad no tiene un plan estratégico para enfrentar con éxito a la delincuencia, y mucho menos, al crímen organizado.

Por mi parte, en los dos casos, en las marchas de las mujeres y en la mega marcha de los estudiantes, me congratulo en saber y haber visto que la sociedad vive y se manifiesta con exigencias comunes y sentidas.

Ahora le toca a las autoridades estar a la altura de las exigencias ciudadanas, sean estas, de mujeres, estudiantes o en general.

Lo escribí en un twiter y lo repito hoy: Indigna la indiferencia del gobierno ante la alza en los feminicidios. Indigna la eliminación de los programas de apoyo y la falta de políticas públicas para el desarrollo integral de la mujer.

Y para el resto de la sociedad, vale la pena quedarnos con el ejemplo que nos dieron muchas mujeres en sus marchas, y muchos y muchas, en la marcha de los estudiantes, no nos quedemos con lo malo que provocaron unas cuantas tratando de desvirtuar los reclamos y las exigencias.

 

*Es Politologo y Maestro en Negociación y Resolución de Conflictos por la Universidad Carlos III de Madrid, España

 

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Opinión

Hombres sin mujeres, mucho más allá de lo inédito

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Por: Leobardo Rodríguez

 

Haruki Murakami escribió uno de sus más entrañables libros bajo el título Hombres sin mujeres, un texto compuesto por siete narraciones que dibujan las complejidades que se pueden presentar en las relaciones entre hombres y mujeres, pero todos tienen un centro conductor, el miedo que genera en los personajes masculinos enamorarse de una mujer y perderla definitivamente, perder a una mujer es perder a todas para siempre, se consigna en uno de los relatos.

 

Vivimos un tiempo sin precedentes en la lucha por la erradicación de la violencia contra las mujeres; se escuchan las voces de emergencia, las están matando, las están violentando, las siguen humillando, acosando, exhibiendo y la sociedad, por grandes y prolongados momentos, se queda callada, atónita, con poca capacidad de respuesta.

 

El paro nacional convocado por diversos grupos feministas y de la sociedad civil el pasado lunes 9 de marzo resultó ser un ejercicio inédito y abrumador. Inédito porque nunca se sintió la suma de muchas mujeres en una protesta llena de tantos símbolos. Abrumador porque, aunque el paro se anunció con varias semanas de anticipación, las calles vacías, las oficinas desoladas, las tiendas abandonadas resultaron un golpe directo a la conciencia, un golpe que fue directamente proporcional al abrumador mensaje: las mujeres muertas estarán por siempre ausentes, ya no irán a trabajar, ya no saldrán con sus amigas, ya no abrazarán a sus hijos, ya no bailarán, ya no cantarán, no acudirán a las aulas, no harán descubrimientos científicos, no escribirán novelas, no realizarán reportajes, simplemente ya no estarán.

 

La vida trataba de transcurrir con cierta normalidad, pero resultó imposible, en el aire se respiraba la ausencia, el mensaje se había clavado en el aire: si perdemos a una, perdemos a todas para siempre.

 

Es probable que la rabia generada por los feminicidios de Fátima, Ingrid y Mayra (la pequeña niña de la Mixteca que fue violada y asesinada junto a su mamá, presuntamente por gente cercana a ellas) sirviera como catalizador del mensaje, que fuera el caldo de cultivo que detonó la indignación. La furia está directamente correlacionada a cada evento de acoso en las calles, cada golpe que se propina en casa, en cada mirada lasciva, en cada contacto físico no consensuado, en cada extorsión y exhibición pública.

 

El señalamiento contra el Estado opresor y patriarcal no es menor, no es excesivo además imputarle el adjetivo de “macho violador”, se ha hecho muy poco por garantizar la seguridad y la integridad de las mujeres, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, en enero de 2020 se cometieron un total de 73 feminicidios, cifra menor a la registrada en enero de 2019 que fue de 75. El acoso sexual creció 59% ya que pasó de 228 casos en enero de 2019 a 363 durante enero de 2020. El hostigamiento sexual creció 91% al pasar de 67 carpetas de investigación a 128. La violación simple creció 6.7%, violación equiparada 10%, violencia intrafamiliar 18%, violencia de género distinta a la intrafamiliar 38% y corrupción de menores 33%.

 

Es cierto, el Estado es opresor, además es un macho violador, el Estado somos todos, su gobierno, su pueblo y su territorio. Formamos parte del Estado que ha normalizado las conductas violentas y machistas, todos hemos cometido en mayor o menor medida actos que califican como transgresión a las mujeres, de algún modo lo hemos tolerado, lo hemos justificado y lo hemos ocultado.

 

El 9M es el principio de una larga lucha, es el inicio del camino, será largo, pero tenemos que dar la batalla en unidad nacional, es nuestra obligación seguirnos educando, es necesario tener la valentía para frenar y denunciar, esta es una causa de todas y de todos, es una causa que nos permitirá legarles un mundo mejor a las siguientes generaciones, un mundo en el que las mujeres estén libres, fuertes y vivas.

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